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La Fundació Roger Torné entrevista a Ramon Folch en su blog Inspira

Han pasado 20 años de la Cumbre de la Tierra en Río. El movimiento sostenibilista daba un paso crucial, entonces, al reivindicarse como actor internacional.

Era un momento de cierto optimismo, pasada la crisis de los setenta. Hoy, la situación es exactamente la contraria (fracaso de cumbres internacionales vinculadas al cambio climático, pérdida del vector en las agendas políticas, indiferencia mediática…). ¿Cuál es su pronóstico al respecto?
La escala histórica es diferente de la escala perceptiva personal. Los humanos medimos el tiempo en horas y en días, los procesos sociales funcionan en décadas, y, según quién, en siglos. Hoy, todo ocurre muy deprisa, es cierto, pero el alcance de muchas de las cosas que pasan es mundial, lo cual ralentiza el cómputo global del tiempo. Las primeras grandes cumbres ambientales y climáticas llegaron cuando la humanidad todavía no podía procesarlas, la mayoría de las personas no las percibe aún hoy en día como importantes. Los expertos o los militantes tendemos a pensar que todo el mundo ve las cosas como nosotros. Puesto que el tema es transcendente movilice o no a políticos, agentes económicos y multitudes en la actual y concreta coyuntura, volverá: primero a la inquietud cotidiana de la mayoría y, más tarde, a la palestra  internacional.

Del acento amable en la naturaleza (conservacionismo) hemos ido avanzando, no sin malentendidos ni rodeos, hacia la asunción de una mayor complejidad. Ahora no solo hablamos de especies amenazadas, también de territorio, de eficiencia energética; en general de cómo hacemos las cosas (y por qué). El medio ambiente dejó de ser una «maría» para ser alternativa… hasta que llegó la crisis. ¿Habrá un retroceso?
El conservacionismo, el ambientalismo e incluso el ecologismo más difundido son en gran medida movimientos reactivos. Se alarman y protestan ante los síntomas. El sostenibilismo ha identificado la enfermedad. Los problemas ambientales no son ecológicos sino socioeconómicos. La organización social y el sistema productivo se han desacoplado de la matriz ambiental y de sus reglas. De ahí todo esto que usted dice que chirría. Pero no todos tienen la misma entidad. Ni tampoco el mismo rango ni la misma cadencia procesal. En el fondo de la cuestión, están los dos axiomas fundacionales de la civilización industrial: supone que los recursos son en la práctica ilimitados y que siempre hay un exterior donde podemos verter los residuos o las disfunciones que no somos capaces de internalizar. Esto ha sido así durante dos siglos, pero ara ya no lo es. No obstante, no hemos adaptado nuestro modelo social y productivo a los cambios de contexto que el éxito del propio modelo iba suscitando. Per este motivo no pueden continuar creciendo cuantitativamente y gozando de una energía fósil en buena parte ya agotada, pero el sistema no funciona si no es creciendo, consumiendo petróleo, gas o carbón y externalizando gases u otros residuos. Los problemas ambientales son la consecuencia más vistosa.

Recientemente, usted ha recibido el Premi Ones Mediterrània de Defensa del Patrimoni Natural. Usted inició su trayectoria profesional en este campo con una obra clave, el Llibre Blanc de la gestió de la natura als Països Catalans (1976), sobre la que empezó a construirse buena parte del movimiento sostenibilista en el país. Su trayectoria profesional le permitió tirar de aquel hilo, pero también explorar otros.

¿Qué balance hace de ello?
El Llibre Blanc se escribió entre 1973 y 1975, hace ya cuarenta años. Ha llovido mucho desde entonces (en Holanda y en Finlandia más que aquí, por cierto…). Era una obra básicamente conservacionista, pero con vislumbres de sostenibilismo avant la lettre, el mismo título lo pone de manifiesto: «gestión», no «protección», de la naturaleza. Fue una obra de finales del siglo XX muy útil. Pero no he dejado de falsarla popperianamente. Uno solo progresa si se falsa cada día, es decir si trata de demostrarse a sí mismo que ayer estaba equivocado. Haciéndolo así, se avanza. Algunos prefieren ser coherentes con sus incoherencias. La falsación del Llibre blanc me ha llevado al sostenibilismo, me doy cuenta de sus debilidades y por eso trato de reformularlo continuamente.

¿Qué debilidades, a qué se refiere?
El Universo es insostenible, tarde o temprano se enfriará. O tal vez no, no acabamos de saberlo… En todo caso, quiero decir que uno puede ir frenando la entropía (la muerte natural de los sistemas), pero no soñando eternamente. A veces parece que el sostenibilismo persiga la inmortalidad. O la completa autosuficiencia. No es así. Me incomoda el carácter concluyente, entre místico y definitivo, con que se presentan algunos postulados sostenibilistas (que no pasan de provisionales…). Claro que aún me incomodan más la zafiedad y la debilidad epistemológica del desarrollismo. Vamos cortos de humildad y de lucidez. Se trata de administrar con dignidad nuestra limitada condición. Bastaría con que fuéramos capaces de ir configurando un sistema socioeconómico creativo, equitativo y saludable.

Artículo publicado en el blog  Inspira el 21-05-2012

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